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Mostrando las entradas con la etiqueta Cuento

Fantasmas en Delhi

 En Dehli se acumulan los cadáveres. El asesinato es un método efectivo para dirimir cuestiones. Una puñalada asestada al hígado licúa una deuda. Un fuerte golpe en la cabeza calla a un soplón. Un cable bien tenso, alrededor de un pequeño cuello, cumple una fantasía. Y los cadáveres se van amontonando. Son demasiados. La policía no da abasto a recogerlos y muchos duermen junto a los Niños Solos, los que viven en las estaciones de tren y metro, que también son demasiados. Parveen se confunde entre ellos. La última vez que habló con su mamá, ésta estaba sobre una camilla. Parveen le preguntó cuántos años tenía y si podían comer pastel en su próximo cumpleaños, pero no entendió bien lo que le contestó, el ácido le había pegado los labios casi por completo, solo hizo algunos sonidos y acarició despacio la cabeza de Parveen. Su papá había escapado a casa de un primo, el día que a su mamá se la llevaron al hospital con el rostro derretido, y su hermano mayor, Saif, amenazó a Parveen par...

El ritual de las lampreas

  Se mudaron al campo, a una casa grande, alejada de todo. Diego dejó su puesto en el instituto de investigaciones marinas de la Universidad de Mar del Plata, Paula abandonó las aulas de la facultad de ciencias exactas, y poco a poco volvieron a tener momentos de cierta dicha, manejando un tractorcito verde y criando pollos.  Al cuarto verano las chanchas tuvieron muchas crías. Paula volvió a quedar embarazada, y dió a luz, en la salita de la comuna, una criatura sana y rosadita. La comadrona dijo que alumbró la habitación al nacer, con los ojitos azules grisáceos abiertos y expresión de sorpresa. La pareja comenzaba a reconstruirse después del luto. Y Diego decidió retomar el contacto familiar, a pesar de la insistencia de Paula por esperar un tiempo más. Invitó a su hermano Renzo, su esposa Clara y el resto de la familia, a conocer a Luz, Lucesita como les gustaba llamarla a ellos, que ya tenía 9 meses. Esa tarde llegaron Renzo y Clara, en el Sierra nuevo color champagne. En...

El baldío

  - Dale derecho, es pasando el cementerio Laura apuntaba  hacia adelante con su mano vertical  y la movía de arriba abajo Luca asintió y siguió manejando. El sol ya se había escondido detrás de los eucaliptos, pero el calor no aflojaba. El volante estaba pegajoso y desprendía pedacitos de goma que le manchaban las manos húmedas. A medida que avanzaban las casas se hacían mas bajas, la calle mas estrecha y la línea de la vereda se desdibujaba. - Ocho mil pesos es un regalo por un terreno de esos metros. - Si, el tipo de la inmobiliaria me dijo que está barato porque lo heredaron tres hermanos que no se hablan y lo quieren liquidar cuanto antes para no tener que verse más las caras. - Preguntale a esa vieja si sabe dónde queda la calle. El auto se detuvo frente a una tapera descascarada, que combinaba trozos de pared revocada y ladrillos desnudos. La puerta estaba arrancada y descansaba apoyada en la pared, en su lugar colgaba una cortina mohosa. Una mujer mayor,...

Caronte

Ricardo es camionero, traslada el ganado a su destino fatal. Siempre se sintió una especie de Caronte cordobés, el barquero del hades que transporta las almas al inframundo. Ese desdichado final. Ese martes de noviembre manejaba preocupado por una ruta secundaria. El camión tomó la rotonda lentamente. El acoplado se balanceó de lado a lado y se escucharon los mugidos. Ricardo miró por el retrovisor, los animales se movían lentamente, como organizados. Durante el viaje los notó más inquietos de lo habitual. Debió ser por esa vaca preñada que le obligaron a subir en el campo. Ricardo sabía que era ilegal transportar animales en ese estado, mucho menos para faena y que podría tener graves problemas si se topaba con un control de rutina. Le sugirió al patrón esperar al destete, pero la vaca estaba débil, tal vez enferma, y Don Antonio no estaba dispuesto a perder plata. Más vale encajarla al frigorífico antes que se muera en el potrero y se la coman los perros, dijo el patrón. El veterinar...

El mártir de Rosario

17 de Abril de 1974, Rosario, Argentina. Son las seis de la tarde en el Parque Independencia y las gradas rebosan de gente. En un hecho histórico, hinchas de los dos clubes más grandes de la ciudad, Newells y Central, se mezclan en las tribunas para alentar a un combinado rosarino con las máximas estrellas de ambas escuadras _En Rosario se respira fútbol, pero fútbol bipartidista, allí no hay lugar para la doble camiseta, cuando uno nace se lo consagra para siempre bajo una única identidad futbolera, o sos Leproso o sos Canalla_ Diez de los once titulares pertenecen a los dos gigantes, pero hay un intruso, uno que se deslizó por las grietas. Parado en el centro del campo hay un flaco desgarbado con las medias bajas, pelo largo ondulado y un incipiente bigote de herradura. En el ambiente lo conocen como el Trinche Carlovich. Jugador de Central Córdoba,   romántico, noctámbulo, con aversión al entrenamiento y la puntualidad. El Rivelino Santafesino, aseguran los eruditos del ascenso...

Venganzas

 -Si yo supiera que no se entera nadie, si yo tuviera la certeza de que no voy a pagar por el acto. Ufff… -Qué? –Lo mato, obviamente! -Como? -A tiros, no se… -No tenemos armas. -Bueno no sé, lo muelo a palos o lo mató a cuchilladas. -Ves ahí es más creíble. -Bueno es un decir, no lo puedo matar y que no se entere nadie. -Ese no es el punto, enterarse que murió se van a enterar todos, todo el mundo. Lo importante es que no sepan quien fue. -Y claro. Silencio. El sonido de las ruedas llena el éter. Los dos miran al frente. La calle está ondeada. El asfalto de pésima calidad cedió ante el incesante asedio de camiones, convirtiéndose en un río de  oleaje negro congelado en el tiempo. Tony surfea las ondas sobre su bicicleta gris. Abre los brazos y mantiene el equilibrio. Doblan hacia la izquierda y se meten en el caserío. Un barrio clase media, de maestros y empleados estatales, lleno de señoras, con tiempo de sobra y ventanas grandes, que observan tras el vi...

Viento negro

  Ella buscó su boca y él respondió. Se besaron un momento. La música sonaba con fuerza, era clásica, algo familiar, aunque no pudo distinguir la pieza. De pronto algo lo sobresaltó, creyó escuchar que llamaban a la puerta. Notó que no recordaba como era el exterior pero no reparó demasiado en eso. Ella se quejó _No le prestes atención, será el viento_. Pero algo lo inquietaba. La habitación era parte de algo mas grande y se situaba a la izquierda de la entrada, una especie de zaguán mas ancho de lo normal (accediendo desde la puerta, tres o cuatro pasos hacia el frente y dos hacia la izquierda). Notó que de alguna forma no conocía el resto de la casa, no sabía por que. Y ya no recordaba cómo había llegado allí. Intentó sentarse en la cama y se percató de algo aún peor, no sabía quién era ella. En algún momento la música se detuvo. El silencio reinaba absoluto y la penumbra lo cubría todo. Ella ya no estaba, se encontró solo y nervioso. Desde la calle le llegó un sonido a tr...